lunes, 2 de septiembre de 2013



Esferas-6

Las Meninas es una Esfera de Pascal

[Pascal]…aborrecía el universo y hubiera querido adorar a Dios, pero Dios, para él, era menos real que el aborrecido universo. Deploró que no hablara el firmamento, comparó nuestra vida con la de náufragos en una isla desierta. Sintió el peso incesante del mundo físico, sintió vértigo, miedo y soledad, y los puso en otras palabras: “La naturaleza es una esfera infinita, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.” Así publica Brunschvicg el texto, pero la edición crítica de Tourneur (París, 1941), que reproduce las tachaduras y vacilaciones del manuscrito, revela que Pascal empezó a escribir effroyable: “Una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna.”
 (J. L. Borges. La Esfera de Pascal. Otras inquisiciones)

Pascal sufría agorafobia, el silencio eterno de los espacios infinitos le producía espanto. Los tormentos íntimos de Pascal al enfrentarse a la contradicción entre sus convicciones teocéntricas cristianas y la realidad física que comprueba, le llevan a representarse la no-esfera como algo espantoso. Horrorosa nos parece la posición de Velázquez en la corte, criado del rey, subordinado a los caprichos del poder, pero quizás por su carácter (su flema), su virtuosismo o simplemente su misericordia, nos ofrece un arte sin horrores.
Supongamos que, como toda gran obra de arte, Las Meninas es una esfera (en el sentido de Peter Sloterdijk). Busquemos su centro. Velázquez resalta, como un prestidigitador, tres posibles puntos, centros de energía expresiva y origen de las ilusiones y adivinanzas:
El centro del cuadro, ocupado por el motivo más brillante, la infanta Margarita
El centro del espacio representado, el centro de la pared del fondo, donde se ubica el enigmático espejo de los reyes.
El centro del sistema perspectívico, que coincidiría con el centro del cuadro si con hábil maniobra no hubiese alejado el cuadro de la pared lateral, se sitúa en el centro de la puerta del fondo, debajo del codo en forma de V de Nieto.
Tres centros que escamotean el centro. Estos tres puntos no coinciden en la pintura, pero tienden a confundirse en la imaginación del espectador. Es quizás el principal truco que  utiliza el artista para distraer la atención y complicar la solución del acertijo.
Trinidad que denota que el cuadro no tiene un centro, mejor dicho que tiene un conjunto de centros cuya dimensión depende de las interpretaciones. Velázquez nos deja a los espectadores la responsabilidad del centro, cualquier observador que mira el cuadro desde una posición cualquiera se convierte en el centro de Las Meninas. El centro está en todas partes.
Si Las Meninas es una esfera ¿cuál es su límite, su circunferencia? Otra vez juega el maestro con nuestro ingenio al aparentar que la escena está cerrada, que tiene un límite definido en la pared del fondo, cuando en realidad, allí donde debería estar representado el límite lo que aparece, reflejado en el espejo que sostiene Nieto y envolviéndole, es la luz del cielo de Madrid, el cielo infinito, el inconmensurable infinito sin límites. Por no referirnos a la reacción en cadena que provoca la lingüística del cuadro como emisor de mensajes ambiguos, interpretables, infinitamente recursivos. Por tanto el cuadro tiene muchos centros, tantos como observadores, están en todas partes y por carecer de límites, su circunferencia no está en ninguna. Es una no-esfera, una esfera de Pascal, pero no espantosa, quizás sólo castizamente inteligible.


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