martes, 3 de diciembre de 2013

Los Polipiedros Sevillanos








LOS POLIPIEDROS SEVILLANOS


Sevilla es un laberinto, lo había oído pero creía que no era más que una exageración de promoción turística. Efectivamente, es un extraño laberinto formado por complicadas maclas y retorcidas calles, y ahora ando perdido por él, recorriendo con embeleso sus enrevesados entresijos, llenos de encrucijadas y apariciones. La noche, calurosa, es de luminoso azul marino, la luz de las calles es deliciosamente discontinua. Amarillo intenso cerca del castizo farol de sodio. Pronto acaba el círculo amarillo y en la penumbra el suelo brilla sospechosamente, y otra vez, de un balcón, de un escaparate, de otro farol, vuelve la luz, acompañando al paseo, casi con ritmo, al compás dicen aquí.
A la vuelta de una calleja con forma de cimitarra, la ya alargada sombra es interrumpida repentinamente por el resplandor multicolor procedente de varios inmensos escaparates, que forman parte de una dulce fachada construida en el ambiguo estilo modernista de la tierra: es la tienda de lámparas, famosa en el mundo entero, LOS POLIPIEDROS SEVILLANOS, establecimiento donde se diseñan, fabrican, exponen y venden a una clientela planetaria las conocidísimas lámparas de cristal de la tradicional artesanía andalusí. Con tecnología de última hora, aplicada al diseño y a la fabricación, la empresa ha sabido continuar y renovar la centenaria tradición de una geometría popular utilizada para convertir el acto de iluminar en una mágica emoción.
Atraído como la polilla por la vela, extasiado me dirijo directo a la luz. Que no entre quien no sepa geometría, pienso, que como en la puerta de la academia habría que colocar aquí, mientras cruzo el umbral de una invitadora puerta abierta de par en par, y estoy dentro de la tienda sin que nada ni nadie me ponga impedimentos.
Lo que se veía desde la calle no es nada comparado con el universo poliédrico de colores que ahora me rodea por todas partes en esta tienda de ensueño. Los amplios espacios que configuran las bóvedas sobre finas arquerías que se extienden por patios y galerías están completamente ocupados por miríadas de lámparas de todos los tamaños, formas y colores, colgando a todas las alturas y encendidas como ascuas caleidoscópicas. Las paredes que se adivinan al fondo están recamadas de apliques y plafones que multiplican la luz y la policromía. Me siento como si estuviera sumergido en una espuma poliédrica multicolor. Toda fantasía que tenga que ver con formas poligonales, números y colores, tiene aquí su satisfacción.
Perdido en el nuevo laberinto cristalino de los agujeros de gusano que permiten pasear entre las lámparas, no puedo dejar de evocar el otro laberinto callejero: ¿Encrucijadas y entrelazamientos, colores y luminosidades del pensar de un pueblo condenado al consuelo de la melancólica geometría, único permitido por el Corán? ¿Costumbre de acomodarse en el seguro silencio de la abstracción geométrica? ¿Afición a la sequedad numérica por miedo a lo erótico metido en el cuerpo desde la infancia por oscuros personajes nacidos en esta tierra de la luz? ¿Se podría citar como una contradicción andaluza el gusto por la fría geometría y a la vez por lo texturado y polícromo?
Si algo así existe en esta tienda está su manifestación. Extraviado entre lámparas y reflexiones, admirado y deslumbrado por el colorido de los luminosos cristales y los brillos de plata y oro multiplicados mil veces por espejos eventuales, voy medio comprendiendo quizás el por qué de este establecimiento y su éxito en gustar a todo el mundo.
En esto me sale al paso un atildado personaje, un dependiente de la tienda:

- Veo, caballero, que le gustan nuestras lámparas. Observe que las hay de todos los tamaños, calidades y precios. Nuestros productos están pensados para todos los públicos y sin excepción están realizados uno a uno por las manos de artesanos especialistas. Tanto el rico como el pobre, a la medida de sus posibilidades económicas, pueden llevarse una muestra de esta amable artesanía. La lámpara podrá ser más cara o más barata pero, a diferencia de la producción industrial, todas llevan un trocito del amor que el artesano ha puesto en la obra, y en esto consiste la verdadera calidad. Ese es el carácter democrático que tiene la artesanía frente al encuadramiento de lo industrial. Y en contraste con la monotonía  repetitiva habitual, todas son distintas, raramente repetimos los modelos, tanta es la creatividad de nuestros diseñadores, así que puede estar seguro que su lámpara será única, su casa lucirá diferente a cualquier otra, y sin embargo, cuando la encienda, percibirá terapéuticamente el aire de familia, el estilo, la evocación del tiempo compartido -

- ¿Es cierto que no repiten los modelos? -

- Efectivamente, y sin gran esfuerzo, es por la capacidad combinatoria infinita de las formas poliédricas; y además está el colorido, fíjese, por ejemplo, en estos dos modelos que tenemos aquí, son del mismo tamaño, la misma forma, el mismo número de cristales pero de distintos colores, variando la combinación del colorido resultan, como ve, dos lámparas completamente diferentes, dos formas de iluminar que pueden inducir dos emociones muy distintas, ¿no es verdad? -

- Ciertamente. Es muy interesante, se llega a insinuar incluso la posibilidad de una especie de lenguaje de un entendimiento por vía de lo sentimental del arcano y triste arte de la geometría -

- Observo muy complacido, señor mío, que nos comprende a la perfección, un cliente tan inteligente como Ud. desearía, seguramente, ver todo nuestro sistema de fabricación, y yo, su humilde servidor, muy gustosamente le acompañaré en una visita a los talleres de la casa, será para mí un placer y un orgullo -

- Es una magnífica proposición y estoy dispuesto a seguirle con mucho gusto en la visita a este laberinto que me tiene fascinado -

Con una brillante sonrisa, diligentemente, el dependiente se vuelve y me hace un gesto para que le siga y ahí vamos los dos a través del mar de poliedros, atravesando patios repletos de lamparería siempre encendida, hacía unas puertas cristaleras que están rotuladas con la palabra DISEÑO. Entramos en una amplia sala llena de mesas de dibujo ocupadas en su totalidad por ordenadores. La luz piadosamente se apacigua en una semipenumbra iluminada por los resplandores fosforescentes de las pantallas. Los diseñadores, como sombras ocupadas en extraños sortilegios, están atentos a las formas jeroglíficas que aparecen en ellas. Discretamente me acerco a una chica que de concentrada como está en su trabajo de momento no se percata de mi presencia, hasta que el dependiente con un leve carraspeo llama su atención.

- Señorita Cloto, le presento a un cliente muy interesado en conocer nuestra forma de trabajo y nuestros sistemas de fabricación -
La chica me mira sin verme de momento ensimismada como está en su labor. En la pantalla gira una extraña forma geométrica de colores emitiendo destellos.

- Cloto la que hila el hilo de la vida- (digo yo para hacerme el simpático)

Ahora se ha apercibido de mi presencia, su mirada desde el infinito viene a fijarse en mí, sus ojos brillan, su cara se ilumina, su entusiasmo es evidente. Sonriendo empieza a hablar, se nota que le gusta lo que hace.

- Pues sí, un comentario acertado porque bien mirado nuestro grupo se ocupa de hilar el hilo de la geometría. En estos momentos la sección de diseño está siguiendo una metodología que consiste en partir de un poliedro madre, una preforma, y como un diamante, tallarlo, truncando vértices, biselando aristas, apuntando caras, etc., para convertirlo en un brillante. Aquí nos ocupamos de construir los programas básicos para que otros fabriquen las herramientas informáticas para la labor de tallado que realiza finalmente el grupo de creativos -

Su aire menudo, su hablar competente, entusiasta y un poco redicho, consiguen captar toda mi atención, la sonrisa del dependiente se estira y a punto está de convertirse en un gato de Cheshire

- Por seguir su imagen podemos imaginar un poliedro como una telaraña de hilos, cada hilo representa una relación entre entidades, esto se suele representar como un grafo. Las entidades pueden ser de varios tipos, nosotros identificamos tres clases de entidades geométricas: aristas, caras y vértices. (Se levanta con viveza y se pone a escribir en una pizarra que tiene al lado). Llamémoslas A, C, V. Estas son nuestras entidades porque los programas que vamos a usar, Rhino y Grasshopper las entienden como tales y las dibujan. Matemáticamente en sentido estricto ni A ni C son verdaderas entidades sino combinaciones (telarañas) de V.
Lo que nosotros hacemos es construir bases de datos que representen al poliedro y nos den toda la información que deseemos para cualquier requerimiento. Por ejemplo, podemos necesitar conocer los V de C, o las A de C, o las A de A, etc. -

Se da cuenta del aire de perdido que se me está poniendo

- Veamos, partimos de un poliedro cualquiera, una preforma, podemos dibujarla en Rhino y hallar en Grasshopper la base de datos inicial o redactar ésta, bien sea con Grass mismo o con cualquier otro programa y leerla como un file de texto. La base de datos de partida consta de una lista de V, cada V tiene un índice (el orden de aparición en la lista) y sus tres coordenadas (x, y, z)
(Escribe)
V0, V1, V2……Vn,                  n = nº de V – 1
x0, y0, z0
x1, y1, z1
….
xn, yn, zn
Observe que cada V tiene dos nombres, su índice y un tripleto de números, sus coordenadas, o sea que nos dirigimos a él o por su orden de aparición en la lista o como entidad geométrica dada por sus coordenadas cartesianas -

- Entiendo – (digo yo para no pasar por tonto)

- Grass nos proporciona otra información esencial para representar el poliedro, la lista de aristas y la lista de caras; para él aristas y caras son entidades dibujables y de las que podemos conocer de las aristas sus vértices extremos y de las caras sus aristas y sus vértices, vea que programa tan interesante para la representación gráfica. Las aristas se indicaran con un índice (el orden en la lista) y de igual modo las caras. Estos índices son naturalmente números enteros. De lo que se trata es de construir todas las relaciones que existen entre los índices de A, C y V. Todos los hilos que unen estas entidades. Estos son infinitos. Empezamos por las relaciones de primer orden:
A de A (se lee: aristas de aristas, o sea, las aristas que concurren en los extremos de una arista dada)
A de C
A de V
C de A
C de C
C de V
V de A
V de C
V de V
Como ve son nueve las posibles relaciones de primer orden entre entidades, esto en un sentido estricto, porque podríamos extender la lista y a veces lo necesitamos, por ejemplo, C1 de C, que son las caras que rodean a otra y pasan por sus aristas, o C2 de C que serían las caras que rodean a otra dada pero sólo tienen en común los vértices de la primera, o C1 + C2 de C, etc. -

A estas alturas sólo el encanto de Cloto evita que mi cara de tonto sea palpable

- Luego están las relaciones de segundo orden, por ejemplo A de A de A, A de A de C (las aristas que concurren en los extremos de las aristas que rodean a una cara), A de A de V, etc. etc. -

Esos piadosos etceteras dan pie para que el dependiente cuya sonrisa se había congelado tercie

- Muy interesante señorita Cloto, pero me temo que debemos continuar la visita, si no llegará la hora del cierre y nuestro invitado se quedará sin ver la casa completa -

Ella no parece darse por enterada y mientras que nos levantamos e iniciamos un amable saludo, sigue

- Nuestro trabajo consiste en construir componentes para Grass que puedan utilizar los programadores de herramientas para la manipulación de poliedros…-

Ya nos vamos alejando de ella que está escribiendo as, ces y uves mayúsculas y muchas flechitas por toda la pizarra mientras se le oye hablar en ese lenguaje marciano con otros dos compañeros que se le han acercado. El dependiente recompuesto me dirige hacia otro sector de la inmensa sala y se dirige a una mujer ya madura que escribe frenéticamente en un teclado.

- Disculpe señora Láquesis pero tenemos un visitante que…-

(Interrumpiéndole vivamente) - Ah sí, encantada, viene en un momento interesante, acabo de terminar una herramienta para manipular poliedros, fíjese, es un programa para construir poliedros de madera, huecos, como los dibujaba Leonardo de Vinci -

La imagen de la pantalla es similar a un grabado renacentista, sólo que cambia continuamente de forma y textura. El perfil de la mujer con sólida nariz griega iluminado a contraluz por el resplandor del aparato parece la representación de una matrona del quinientos, su aire clásico me hace pensar en su  curioso nombre

- Muy bonito, señora medidora del hilo y lo digo por su hermoso nombre -

(Me mira un poco perpleja pero sigue a lo suyo) - Hemos redactado programas para truncar los vértices, biselar o truncar las aristas, casetonear las caras, apuntarlas como estrellas o  agujerearlas, etc. estas herramientas las usan a placer nuestros diseñadores para la producción de modelos y a la vez nos demandan programas para manipulaciones de cualquier tipo, luego están los diseñadores gráficos que necesitan representar las piezas con todo realismo y tenemos que construir programas paramétricos de remates, macollas y mecanismos para los catálogos por ejemplo; todo esto es posible por las potentes bases de datos que los compañeros ponen en nuestras manos, es muy divertido.

Y con esto vuelve a su teclado y nosotros para ella ya no existimos. Discretamente nos vamos alejando mientras me abstraigo mirando las pantallas que están por doquier, llenas de números e imágenes de la lamparería que he visto colgada y reluciente por toda la tienda. Sigo a mi dependiente que parece acelerar el paso y salimos al patio. Otra vez el fulgor del colorido, la cueva de Alí Babá, el palacio de las mil y una noches, una geoda gigante en la que estoy inmerso. Deambulando entre cristales deslumbrantes llegamos a otra puerta rotulada con la palabra FABRICACIÓN. A la brillante luz blanca procedente de multitud de estrellas colgantes la sala parece no tener límites. No obstante el espacio disponible está ocupado en su totalidad por enormes mesas forradas de fieltro, vibrantes máquinas de control numérico rodeadas de ordenadores, cristal por todas partes, recortes metálicos de todos los brillos, plantillas, sopletes, cortadoras, plegadoras, etc. en estantes se alinean marcialmente todo tipo de mecanismos eléctricos, fornituras doradas y plateadas, macollas, cadenas, tubos, qué se yo, el reino de la manualidad, el santa santorum de la creación artística, el corazón, el músculo que sostiene toda la producción, la fábrica de los deleites, el…. El dependiente interrumpe mi retahíla con su renovada sonrisa gatuna y se dirige a una mujer vestida con una bata azul que se inclina sobre la cubierta transparente de una fresadora

- Buenas noches señora Morta, perdone que la distraiga pero nos visita hoy un distinguido cliente muy interesado en nuestros métodos de producción. La señora Morta es la responsable de la sección de fabricación -

- Tanto gusto, estoy impresionado por lo que he visto hasta ahora, pero esto excede a todo lo que había imaginado, boquiabierto me quedo ante las maravillas que fabrican, la armonía de colores, y si me permite, de nombres, porque sin duda es ud. la cortadora del hilo -

- Sí, el hilo de la geometría ¿verdad? (me responde con una simpática sonrisa) sé como hablan los creativos.

Morta tiene que elevar la voz porque las máquinas hacen un ruido de mil diablos, no obstante, al fondo veo un grupito en sombras que rodea a uno que toca la guitarra, su cante se entreteje débilmente con el chirrido electrónico y las palabras de la cortadora

- En este momento estoy probando un nuevo cabezal cónico para corte de cristal en esta fresadora. La calibración es esencial. Aquí grabamos el cristal que luego es partido por las habilidosas manos de nuestros cristaleros. Como comprenderá la geometría que obtenemos es muy precisa con lo que el montaje se simplifica enormemente y la terminación de la lámpara es perfecta….

Me voy a comprar un autobús para sentarme en los asientos de atrás (cantan al fondo)

Morta se pasea por las mesas y los grupos de trabajo dando indicaciones incomprensibles para mi, mientras que reparte una exultante simpatía con todos; yo la sigo embobado

(Al fondo, con rasgueos rítmicos) plafones sin techo, techos sin hormigones

- Aquí se enguarnecen los cristales con canutillos de metal. ¿Ve? (me enseña un rombo de rubí rodeado por un perfil dorado diminuto que elige de un gran montón que van acumulando un grupo de operarios afanados en la tarea) Los canutillos pueden ser de chapa galvanizada, cobre, alpaca, plata y oro, naturalmente en aleaciones bajas y resistentes -

Cuando el dueño del cortijo nos dijo que nos pagaría…. (Las palabras de Morta me impiden oír el resto de la estrofa)
La luz, los chirridos metálicos, la guitarra, el cante y las risas, el trajinar de sombras, los reflejos y destellos multicolores, la actividad y la charla de Morta me tienen al borde de un colapso por sobrexcitación imaginativa. En mi vida había visto un taller así

- Luego está el montaje (dice, parándose con orgullo ante una pantagruélica mesa alrededor de la cual se están construyendo maravillas poliédricas), primero se ajustan las caras provisionalmente con  puntadas de soldadura, cuando están concertadas se corren todas las juntas con pasta de soldadura a base de sopletes, como ve, al viejo estilo -

(El de la guitarra no para y Morta sigue como si no existiera) que ya está chunga la fiestecita

- El siguiente paso una vez montada la lámpara es la limpieza. (Estamos ante unos operarios que con pistolas a presión pulverizan agua jabonosa sobre los modelos sumergidos en grandes tinas con agua), cuidado, no se acerque demasiado, no vaya a mojarse…Más allá está la sección de terminaciones: pintado, tematizado, pulimentado, bruñido, etc. -

No sé cuántas mesas hemos recorrido ya, el lugar se me hace interminable, la cabeza empieza a darme vueltas

- Bueno, finalmente está la elaboración de la lámpara propiamente dicha. La colocación de los mecanismos eléctricos, portalámparas, remates, tijas, macollas, sistemas de cuelgue, etc. En esta cuestión intervienen directamente los creativos en contacto con los montadores y electricistas, con unas exigencias de perfeccionismo tal que a veces tenemos nuestras discusiones; tenga en cuenta que el precio final depende no sólo del número de cristales y de la dificultad mayor o menor del montaje sino muy principalmente de la calidad de los remates y sistemas de iluminación, y en este asunto, como imaginará las posibilidades son infinitas -

Deslumbrado, atónito, pasmado, me tiene la cortadora, ya no sé dónde mirar, a qué atender, mis miradas suplicantes no sirven de nada, ella sigue

- Más allá tenemos otra sección sumamente importante, el empaquetado y embalaje, piense en la variedad de modelos, la fragilidad del cristal y la necesidad de enviar las lámparas a nuestros clientes por el mundo entero. Nunca hemos tenido ningún percance, ninguna reclamación, todos los envíos se han realizado hasta ahora sin problemas, tal es la calidad, ingenio y competencia de nuestros embaladores… -

Unas campanadas rítmicas se abren paso por el caos acústico del taller. Toda la actividad, frenética hace un momento, se frena paulatinamente, las sombras vestidas de azul van desapareciendo lentamente. Morta me regala una mirada significativa y la actitud impaciente reprimida con mucha educación del dependiente me lo confirma: es la hora de cerrar, la hora de irse, el momento de la despedida. Cogido por sorpresa inicio una tanda de gentilezas, agradecimientos y cortesías. Antes de poder terminar Morta también desaparece. Las estrellas blancas se apagan una a una, el dependiente en silencio inicia la retirada por el camino de antes y yo le sigo. Los patios que anteriormente resplandecían de luz van ahora oscureciéndose, la sombra avanza con nosotros mientras que con amabilidad pero con determinación el dependiente me guía por el laberinto ahora en penumbra hacia la puerta de salida. El final me ha cogido tan de improviso, mi sensibilidad perceptiva está a tal punto excitada, que ya en el umbral de la puerta antes de pisar la calle, frente a un dependiente solícito pero silencioso, sólo puedo balbucear malamente unas pocas palabras de despedida, eso sí, con el corazón que ya me ha robado esta tienda:

- Gracias, volveré mañana.










miércoles, 23 de octubre de 2013





(Modelo de la situación previa a la huelga del profesorado de la universidad de Zembla)

Programa: LA RANA TERMINA SALTANDO


Una bola granulosa sumergida en un fluido contenido en un recipiente transparente puesto al fuego.


La bola representa el profesorado. El fluido representa las condiciones medio-ambientales del profesorado. El fluido cambia de color, del azul al rojo, representando la calidad de esas condiciones. El color azul representa “buenas condiciones” el color rojo “malas condiciones”. El color se mueve en un rango del azul puro para las condiciones óptimas, inmejorables, al rojo para las pésimas o intolerables, pasando por todos los matices del violeta. La bola cambia de posición: desde el fondo coincidiendo con el color azul, a la superficie cuando el color se vuelve rojo. Cuando la bola llega a la superficie del fluido, salta y se aleja del fluido.

Las condiciones medio-ambientales representan la situación socio-laboral del profesorado y dependen de las relaciones de este consigo mismo, con el alumnado y con la administración y de las políticas educativas.
Con el fuego apagado, el fluido es de color azul y la bola se encuentra en el fondo del recipiente. Al atizar el fuego, el color del fluido va pasando al rojo y la bola va ascendiendo hasta que llegada a la superficie del líquido salta fuera repentinamente.

Inputs: Un número K (factor ambiental) 0<= K <=1

Outputs: Un color de fluido y una posición de la bola

Número K

El número K depende de una colección de valores (todos entre 0 y 1) asignados a una lista de medidas, condiciones, acciones u oportunidades, cada deslizador se mueve entre 0 y 1.
0 representa la situación (condición, medida) pésima
1 la condición óptima

Ejemplos de deslizadores:
Bajada de sueldo
Mayor carga horaria
Despidos
Recortes económicos         
Carga burocrática
Inspecciones, controles
Aumentos de ratio
Autoritarismos. Ataques a la libertad de cátedra.
etc.

Cada deslizador aporta un valor entre 0 y 1, sea Di.
N es el número de deslizadores

 K = (Sumatorio (Di)) / N.      Para i = 0 hasta N-1


Color del fluido
Es un color RGB con el parámetro G = 0, de la forma (R, 0, A)
A es el parámetro para el color azul, su valor va desde 0 a 255

R es el parámetro para el color rojo, su valor va desde 0 a 255

A = (1 – K) * 255

R = K * 255

Si aumentamos el rojo disminuimos en igual proporción el azul y viceversa. 


Para K = 0, A = 255, R = 0. Situación óptima. Color Azul

Para K = 1, A = 0, R = 255. Situación pésima. Color Rojo



Posición de la bola
La posición de la bola queda determinada por las coordenadas del centro de gravedad. El origen de coordenadas se sitúa en el fondo del recipiente. La coordenadas x e y se mantienen constantes ( x= 0, y = 0 )
La coordenada z = V. 
V es el factor ascensional. 
Si llamamos h a la altura del líquido en el recipiente y r al radio de la bola, H = h – r

V = r + K * H 

Si K = 0, V = r
Si K = 1, V = h

Se podría considerar un factor de “peso” de sentido opuesto al valor ascensional, que mediría el nivel de resiliencia, la capacidad de “aguante” del profesorado. Esto alteraría el valor de V, frenando la bola en caso de resiliencia positiva, o acelerándola en caso de resiliencia negativa.

Si V = h entonces la bola pasa a la rutina “Salto”, es despedida del líquido bruscamente.



El programa funcionaría como un barómetro de la situación, un barómetro optimista por el desenlace del salto final. Podríase programar un barómetro pesimista, donde la bola granulosa no salta nunca sino que se cuece lentamente, achicándose poco a poco hasta desaparecer en un fluido sanguinolento. En el caso optimista podemos prescindir del color de la bola, sólo nos interesa su posición, en el segundo caso la bola, mientras que se cuece, va cambiando lentamente del blanco en fondo azul al negro en fondo rojo, a la vez que se reduce y muere.

jueves, 26 de septiembre de 2013



Reflexiones de un sustituto-interino de la Hispalense ante la convocatoria de huelga del profesorado

Un profesor (o profesora) es un adicto a dos placeres: el placer de enseñar (docencia) que es una manifestación del amor, y el placer de conocer (investigación) que de necesidad natural en todos los seres humanos se convierte en estas personas en una discutida obsesión. Es natural que la gente confíe la educación de sus hijos a individuos que tienen estas inclinaciones, decisión que reporta beneficios mutuos: los profesores (pedagogos, sabios) satisfacen sus imperiosas apetencias de amor y saber, y los padres ven a sus hijos crecer felices, realizados, satisfechos, interesados y madurando en conocimientos e inventiva. Esta es la oferta y la demanda, este es el mercado donde se produce la transacción: el público contrata al pedagogo (compra su trabajo) por un salario, con unas condiciones laborales determinadas, para la educación de sus hijos y al investigador para el progreso del conocimiento, necesidad que nadie discute.
El salario siempre fue escaso, el pedagogo es un esclavo, las condiciones las mínimas para la no extinción definitiva del saber, la vigilancia máxima no se vayan a ir de la lengua, educar, saber, sí, pero a quién, el qué, dónde y cómo. No es casualidad que sea un personaje de nuestra tradición el maestro de escuela hambriento y miserable. Todo esto lo soporta nuestro protagonista porque recibe un subsidio, un salario añadido en especie, es como contratar a adictos al hachís para trabajar en las plantaciones de marihuana. El profesor miserable se siente suficientemente pagado por las muestras de amor de sus alumnos y porque en las duras y frías noches de laboratorio infectado de cucarachas se estremece de placer ante el descubrimiento. Es verdad que la gente no contrata directamente a los profesores, lo hace mediante la delegación en unos representantes, los administradores de los fondos públicos, si lo hiciera es seguro que el profesor sería más feliz, nadie es tan insensato como para martirizar más de la cuenta a quién tiene responsabilidades sobre sus hijos. La administración es el directo contratante. Los contratantes indirectos (la gente) son nuestros amigos, los directos (la administración) nuestros enemigos. Repito esta obviedad porque no está de más ante una huelga preguntarse quiénes son los amigos y los enemigos del pueblo.
Al margen de la discusión sobre la eficacia o no de una huelga, esta rebelión de los contratados frente a los contratantes está en la tradición codificada, es al menos una necesaria performance nemotécnica. Fue la máquina de guerra más poderosa cuando más allá de un acto teatral efímero -sin restar importancia a lo aparente y a lo retórico- se hizo indefinida. La huelga, esa vieja bandera, si no hay nada mejor es lo menos que se puede hacer cuando la situación del contratado se hace insoportable. Es una obligada defensa de gente pacífica violentada, es una terapia de choque frente a infecciones generalizadas, es una medida imprescindible violentamente quirúrgica, es un tratamiento in-extremis. Pero la huelga no se realiza contra los contratantes virtuales, el público, sino contra la Administración, contra el aparato burocrático estratificado en capas concéntricas: rectorado, junta, gobierno central, comunidad europea, mercados internacionales, y más allá contra esferas de psicópatas, demonios conspirativos y espíritus malignos que habitan el oscuro y terrorífico vacío interestelar.
¿Por qué la administración, representante del pueblo, en contra de la natural inclinación e interés de éste, tortura a los profesores y obstaculiza el trabajo de sus contratados? Es una pregunta retórica, claro, todo el mundo sabe que el poder ha sido siempre enemigo de la educación y del saber en manos del pueblo. Los ha querido para sí y los suyos, la democratización del saber y la educación universal han sido y son para él las más peligrosas acciones subversivas. Se evidencia cómo en este aspecto de la enseñanza el aparato de poder, la administración, los representantes de Educación, traicionan los intereses de sus representados. Buena es la gente para pagar la enseñanza y la investigación, pero luego se utiliza el dinero de todos para educar a las élites ricas, expulsar a los pobres y monopolizar las plusvalías de la investigación para ponerlas al servicio de intereses privados, la mayor parte de ellos venenosos si no letales para la gente. Por eso existe ese empeño en desmantelar la educación pública pero no la burocracia recaudatoria, porque pueden estar seguros que aunque se privatice enteramente la enseñanza no se hará lo mismo con los impuestos y tendremos que seguir pagando entre todos una universidad que se volverá inasequible para la mayoría.
Si sólo por rebelarse contra la paupérrima situación crónica de la enseñanza ya sería necesario hacer huelga, no digamos en la situación actual de necrosis de la universidad provocada por ataques neoliberales que la están colocando al borde de la extinción. Las arbitrarias decisiones de chulescos ministros vendidos a intereses económicos e ideológicos provocan tal indignación que sólo el espíritu cívico contiene la explosión violenta. La huelga se hace inevitable, pero nuestros amigos, la gente, deben saber que la protesta no va contra ellos, al contrario, defendiendo los intereses de los profesores defienden los suyos propios. En esto, en lo de enseñar, aprender y conocer somos aliados.

Actos de tortura a los profesores y cómo la administración pone toda clase de obstáculos a la labor del profesorado:
Las tareas de la universidad, aprender, enseñar, investigar, son dinamitadas a base de planes de estudio, tasas universitarias y complejidad en los trámites de legalización. La reducción de salarios, detraimiento de recursos económicos para la investigación, mayor carga de trabajo, ampliación de los horarios de clases, cada vez más responsabilidad burocrática, son habituales máquinas de tortura para los condenados de la colonia penitenciaria. Pero existen otras torturas más refinadas, por ejemplo: Gustan mucho de hablar de gestión de empresa y efectivamente así conciben su administración, la gestión de la enseñanza se realiza como si fuera una empresa, pero ¿qué empresa, medio sensata, mantiene condiciones laborales y salariales diferentes para trabajos iguales? No estaría buscando la mejor realización de la producción sino la guerra civil, lo que le interesaría sería  la discordia, que los productores se mataran entre ellos, no que se produjera algo ¿Qué empresa naturalmente preocupada por la calidad del trabajo de sus contratados les pregunta por ella a los mismos interesados? Evidentemente no le interesa controlar la calidad de la enseñanza sino agobiar al profesorado con trámites, para confundirlos, aturdirlos; de nuevo a los condenados se les tortura abriendo zanjas para volver a llenarlas. Se supone que una empresa está atenta a la forma de trabajar y a la dedicación de sus trabajadores, dedica tiempo y personal para vigilar cómo realizan la labor sus contratados y está dispuesta a reconocer méritos y ascender en responsabilidades (y en salario) a quién reporta beneficios. Por el contrario la universidad deposita la responsabilidad de hacerse reconocer en los propios contratados, dificultando todo lo que puede los trámites de reconocimiento y estrechando las normativas, lo que filtra no a los más aplicados sino a los más institucionalizados, elevando a burócratas y expulsando a sabios y benefactores. El reconocimiento del mérito no es sancionado por una praxis sino como consecución de un trámite burocrático que simultáneamente se dificulta, se oscurece, se oculta y se cobra injusta y desorbitadamente.
En cualquier empresa decente  la gente asciende con el tiempo y la dedicación de una forma natural, de peón a oficial y luego a maestro, sin demasiadas exigencias de comulgamiento más que en el objetivo principal: obtener beneficios. En la universidad no se valora especialmente  la adscripción a su objetivo: educar, investigar, sino la institucionalización. El que cumple los trámites, el que se llega a enterar de cómo se cumplen, el que ha descendido suficientemente en el pozo de lo mediocre es un sujeto seguro, puede ascender, el no institucionalizado, al margen de su dedicación, sus resultados, sus méritos, es degradado: de profesional de reconocido prestigio a sustituto-interino. Hasta el nombre es vejatorio para la casa del saber -que por lo mismo debería tener otros modales lingüísticos- por su redundancia. Valiente empresa es ésta que  le cuesta reconocer los méritos en vez de fomentarlos. Y quizás la tortura más cruel, la más diabólica, la más cínica, es tratar a los profesores sólo como trabajadores de una vulgar empresa sin tener en cuenta su carácter adictivo. El delito se agrava, el torturador se convierte en genocida, si la vocación, el gusto por enseñar, el placer de aprender, la pasión de saber, la dedicación al conocimiento, motor del bienestar público, por las que el profesor ya está pagado sólo por el placer de llevarlas a cabo, se obvian, y la relación contractual se simplifica en exigir muchas horas por poco salario, la tortura va acompañada de la ofensa más humillante a la dignidad y del sarcasmo más desvergonzado. Encima de cornudo apaleado.
Ahora podríamos abrir una lista para ir llenándola de errores, ofensas, torturas e injusticias. Es evidente que el modelo de enseñanza que mantiene el aparato es indefendible. Se hace urgente rebelarse contra élites que quieren apropiarse de la enseñanza, robando a los legítimos dueños, para hacer uso de ella según sus caprichos e inspirados por la peor de las intenciones. Y si a falta de pan buenas son tortas, a falta de nada mejor, a la huelga, cien, a la huelga, mil, a la huelga, madre, yo me voy también.

¿Cómo llevar a cabo la inevitable huelga?

La huelga se hace contra los enemigos, no contra los amigos. Si hay una huelga de metro y se paraliza el tráfico, la performance está asegurada no cabe duda, pero el quebranto va para la gente que usa el metro, que no son precisamente los enemigos, gerifaltes, y patronos, sino el pueblo llano, las familias, amigos y compadres de los trabajadores del metro. Mala cosa. ¿No sería más interesante poner gratis el metro, a disposición de todo el mundo, el día de la huelga? La gente alabaría la huelga, se solidarizarían más fácilmente por pura simpatía con los trabajadores del metro, nadie querría acabar con la huelga, el fenómeno mediático sería más potente por la novedad. Sólo ventajas.
La descarnada forma de tratar la administración al profesorado se manifiesta en la importancia que aquella le da a la calificación. El aprendizaje, la docencia, lejos del amor indispensable, se centra en el examen, la práctica de desamor pedagógicamente más nefasta, y en su consecuencia la nota, el acta. Pagar, cursar, aprobar, impartir, examinar, calificar, en esto se simplifica las extremadamente complejas y sensibles relaciones entre alumno y profesor. Las calificaciones sólo importan a la administración. En los curriculum exitosos para multitud de trabajos ni se tienen en cuenta. La administración necesita las notas para justificarse, para controlar la calidad. Paradójicamente, al ser de buen ver más el suspenso que el aprobado, ya que se impone una dificultad artificial que suplanta la sencillez natural y así se da importancia, al considerar la calidad sólo un dato aritmético de medias, suele salirle siempre como resultado el fracaso escolar, de lo que se lamenta y se enroca responsabilizando hipócritamente al propio profesorado. Las notas justifican a la administración frente a los administrados y por tanto es el único factor que considera para toda decisión. Medias calificatorias mínimas, emitidas por la propia administración, le son exigidas a la gente para ingresos, becas, contrataciones, etc. La gente necesita las calificaciones, sin ellas el aparato le cierra todas las puertas, y la gente son nuestros amigos. Si desarrollamos la huelga negándonos a calificar, los únicos damnificados serán los alumnos, que tienen que pasar por las horcas de los exámenes para conseguir calificaciones que le permitan solicitar becas, por ejemplo, sin las cuales sencillamente no pueden estudiar. Y la administración, nuestros enemigos, no sufrirá casi nada, allá ellos, si no tienen notas no hay futuro, ellos verán, y el público, con razones sobradas y muy humanas, se pondrá en contra del profesorado. En ese momento aflorarán las calumnias, los montajes de opinión incitados por la administración y la gente odiará a los profesores aunque comprenda la situación. Mala política. ¿Y si en vez de no examinar o no rellenar las actas, damos a todos aprobado general? Todos aprobados, con nota mínima de 6.5, como exige el ministro, curillón y elitista. Los alumnos nos adoraran, y todos serán felices, los padres verán contentos a sus hijos y la opinión pública sobre el profesorado ganará muchos puntos. Y como en el metro, aunque sólo sea por la novedad, la performance huelguista tendrá una mayor repercusión mediática, seguro. Además de camino se tambalea la seriedad de la universidad, los sesudos y togados gaznápiros que a base de dar suspensos se han ganado un lugar en la historia del desencanto, la presunción de objetividad y justicia de los exámenes, la ingenua y criminal creencia de que es posible establecer algún ranking para evaluar el conocimiento. Los ojos de la opinión pública se volverán a los administradores a pedirles cuentas, porque estarán informados, la simpatía hará que seamos más escuchados y el público tendrá la información necesaria para decidirse a despedir a estos administradores traidores y vende-casas de una vez.

¿Cómo conseguir que la huelga sea indefinida?

La historia enseña que la eficacia de una huelga es directamente proporcional a su duración. Pero nuestra huelga no consiste en no dar clases ni en parar las investigaciones. Sería imposible sin un previo tratamiento de desintoxicación. Y por qué íbamos a dejar de educar, qué delito ha cometido el público con nosotros para abandonar nuestro placentero deber para con sus hijos y por tanto con el futuro, y qué pasaría con los investigadores, cómo podrían parar las neuronas, contra quién sino contra sí mismos sería tal huelga. Una huelga así sería un suicidio masoquista. Pero debemos encontrar una forma de expresar nuestra insumisión que sea sostenible. La huelga indefinida se debe hacer contra el modelo existente que permite la traición y engaña a las masas. Hemos hecho tambalear los viejos ilustrísimos valores regalando asignaturas, el ministro no va a poder encontrar escusas para ahorrarse las becas y el alumnado y sus padres están con nosotros, ¡qué magnífica ocasión para cambiar radicalmente el modelo! Enseñanza basada en la acción, el intercambio y el respeto, no en el inventario de contenidos obsoletos y el examen. Si de contenidos se va a tratar estos deben ser aquellos que le son vitales a la gente para la realidad cotidiana. Se puede uno imaginar en arquitectura, por ejemplo, lo que hay que hacer y decir que no se ha hecho y que se ha asumido sobre la urbanística, que ha convertido nuestras ciudades en mercados inhabitables, o sobre qué arquitectura se haya aprendido en los tres millones de pisos vacios con que nos encontramos en este momento, o de por qué alguno se ha hipotecado en una trampa de por vida para conseguir una vivienda digna y encima vive en la calle porque el banco le ha desahuciado, y podemos seguir en otras disciplinas como la medicina y el aparato sanitario y su relación con el enfermo, las leyes y la economía con su entreguismo ciego a la lógica de los mercados, o las ingenierías sin más salida que la industria armamentística, etc. para qué seguir, ya se sabe lo mucho que hay que hacer en la universidad en cuanto a contenidos. Debemos instaurar una enseñanza basada en la afición y el placer, el estímulo y la práctica, no en los apuntes y el aprobado. En cuanto a organización de la universidad ya va siendo urgente desmantelar el sistema departamental, infectado de privilegios, endogamia y reacción, y basar la enseñanza en dos principios operativos: la libertad de cátedra y la libertad de elección curricular. Ofertas docentes anualmente renovadas que integren diversas asignaturas libremente organizadas y diseñadas y libremente elegidas por el alumnado. Dar la oportunidad verdadera a la integración de conocimientos dejando libertad de pensamiento para que sea el alumno el que naturalmente integre. Liberar a la universidad de las ataduras y compromisos con las empresas privadas y ponerla de verdad al servicio de la gente. Por no hablar de la reivindicación que debe ser continua y repetida sobre la mayor dotación de recursos y mejores condiciones salariales y laborales.
Creo que hay muchas cosas que cambiar y muchas por hacer para dudar que la huelga debe ser activa e indefinida.


Sevilla septiembre 2013

miércoles, 25 de septiembre de 2013


Esferas-23

El teatro necesita un solar

En un sentido llano todo edificio es una intervención o modificación en-de el espacio. El espacio antes de ser transformado ya está disponible, el proceso de modificar el espacio es una operación de reciclado, el espacio es un material ready-made. El espacio,  que está allí previamente, antes de la transformación debe pasar por un estado de espacio-vacío. La acción de vaciar un espacio se desarrolla en dos fases: reconocimiento (diagnóstico) de las significaciones de las que es portador y eliminación (desnudamiento) de algunos o todos sus significados.
Llamamos solar al resultado de vaciar un espacio. Para ser edificado el edificio se necesita un solar, para que el edificio sea proyectado libre y consecuentemente el solar ha de estar vacio de significaciones, cualquier remanente de significación incidirá poderosamente en las decisiones de proyecto. El proyecto consistirá en la sustitución de los antiguos significados por otros nuevos, convenientes a alguna dramaturgia predeterminada (programa).
En el momento en que el espacio se convierte en solar todos los ojos se ponen en él como objeto de codicia, como disponibilidad para múltiples intereses, algunas veces contradictorios. Es en el estado de solar (vacío) cuando el espacio tiene más papel en el guión, en ese momento se convierte en el protagonista de la acción. Las decisiones que se tomen sobre el solar condicionan el futuro a menos que se consideren seriamente como provisionales.
Para edificar un teatro hay que disponer de un solar. El proceso de generación de ese espacio vacío es de la máxima importancia. Es necesaria una argumentación verificada y participada que justifique las decisiones y garantice la minimización de los daños colaterales en el futuro.
¿Quién negará que la producción de un espacio vacío sea un acto artístico? La teoría y la praxis de la generación de solares, o sea el proceso de fabricación de espacios vacíos, llamado antiguamente en algunos círculos urbanismo, queda por tanto enmarcado en el enigmático y sospechoso mundo del arte.
Con su cara más cínica el arte se apresta a colaborar en la caza de los millones y acepta gustoso el papel de porta-algodones para las cagadas vanidosas de los poderosos.

martes, 24 de septiembre de 2013


Esferas-22

El teatro es un edificio público

Nos apropiamos de las cosas desnudándolas de significados. Para mí, mis cosas no significan nada, o sus significados están suficiente y convenientemente ensordecidos. Un edificio público –del público- es casi siempre un objeto exclusivamente con valor de uso. Sus mensajes, nuestros mensajes, pueden ser obviados por nosotros mismos. ¿Me interesan a mí mis mensajes? Sólo con alguna desesperada teoría introspectiva puede uno interesarse por ellos, si es que acaso puedan ser percibidos como tales mensajes. Son las cosas de los otros las que pueden convertirse en vehículos de mensajería. Más allá de la diferenciación entre valor de uso o valor de cambio está el principio de propiedad del objeto. La íntima conciencia de la propiedad, el conocimiento verídico de a quién pertenece puede, si es conveniente, convertirse en fundamento para la comunicación, para que el objeto sea percibido y reconocido por mí, para bien o para mal, o sea para su existencia como ente cultural. Mis cosas, mis propiedades, sólo se hacen merecedoras de significación para mí cuando la propiedad se colectiviza. Si no son mis cosas sino nuestras cosas, puede existir alguna posibilidad de que esas cosas se conviertan en iconos con significación interesante (o terrorífica) para uno mismo.
En una sociedad no dañada, sin necesidad de terapias introspectivas, los edificios públicos (de propiedad pública y de uso público efectivo) se convierten en insignificantes, como mi nevera, mi sartén o mi taza de café. Sólo a través de experiencias de duelo y ausencia pueden llegar a convertirse en soportes de la memoria.
Faltan por definir los conceptos de propiedad pública y sociedad no dañada. Quizás sólo sean fantasmas de ciencia ficción.


domingo, 22 de septiembre de 2013


Esferas-21

Supongamos que hay una buena razón para construir un teatro -un edificio teatral- y se le encarga al arquitecto que diseñe el proyecto –el plan- para tal fin. El arquitecto usa dos palabras, dos conceptos: arquitectura y edificio, de ambos desconoce de antemano el significado. El primero porque no es el efecto sino la causa, y el segundo porque, para él, edificio es proyecto y este es un concepto polisémico, ambiguo, tanto puede ser el plan para una montaña como para un cráter, una metáfora o  una ecuación. Aunque ignore los significados puede ubicar las palabras relacionándolas entre sí: arquitectura es una cualidad del edificio; arquitectura es el indicador del cómo  - el plan – del edificio. En ambas oraciones aparece arquitectura como sujeto y edificio asume un papel complementario. Por tanto, la primera pregunta es por la protagonista de la acción:

¿Cuál es la arquitectura de un edificio teatral?

La arquitectura dominante es la arquitectura de los dominantes. El dominante se individualiza, brilla corporeizándose en un ente material, óptico, acústico, político. El que domina es él, es diferente, su arquitectura también. El objeto icónico, el monumento, el cartel publicitario, es su edificio. La intensidad del  brillo diferenciador es inversamente proporcional a la distancia al centro en términos de dominancia. A menos dominio menos individualización, menos él, más borroso, más empastado en la masa anónima, más desconocido, más enigmático. El interés placentero y subversivo por los enigmas es reprimido con una convención: un modelo virtual (super-estructural) de cómo-se-es o simplemente de-cómo-se-tiene-que-ser, un programa estándar de necesidades inventariadas con la aleatoriedad que proporciona la búsqueda de intereses particulares, histórica y políticamente determinados. 
Esa construcción fantasmal se representa con edificios de arquitectura no diferenciada, estándar, tendente a la uniformidad, convencional. El entrelazamiento de la esfera de dominio con la esfera de la arquitectura se ilustra con un campo radiante de fuerzas, con un gradiente cuya intensidad recorre la escala desde lo singular a lo convencional a la vez que desde el dominio a los dominados. El campo semántico entre singularidad y convención es proporcional al que existe entre invención y copia, o entre ingenio y bobería.

No obstante, el arquitecto, como el niño pobre, se entretiene con los pocos juguetes que le van quedando

Es obvio que el edificio teatral (de nueva planta) tendrá una arquitectura, o será el producto de una arquitectura para-de dominados –en el mundo teatral la arquitectura de dominantes se encarga exclusivamente de tareas de reparación y mantenimiento- por tanto será una arquitectura convencional. Pero ese mundo está poblado de una fauna nada boba que se dedica a labores terapéuticas para los dominados, siquiera algunos, siquiera secretamente, pero todos saben que el teatro es ficción, es una fantasía, nada es como parece, y para producir esa magia de apariencia los magos manipulan máquinas teatrales. En nuestros teatros de toda la vida la madre de las máquinas es el escenario, él es el artilugio simulador por excelencia, capaz de simular lo in-simulable, por ejemplo, la convención. Por tanto, la arquitectura de un edificio teatral es la arquitectura de los escenarios. Miremos el escenario atentamente y veremos surgir la arquitectura de un edificio teatral. 

El escenario nos indicará cómo hay que proyectar un teatro

jueves, 19 de septiembre de 2013




Esferas-20


Pensemos el edificio teatral como una máquina cínica para simulacros de metodología quínica (kyon: perro). Cínica porque no podría existir si no, el edificio no sería permitido, debe ser burgués e ilustrado, es su destino, debe aparentar inocencia, como si fuera un juego, sólo para distraer. No se olvide que en culturas de muerte lo que se busca es distracción. Se ha construido un edificio, dentro de las normas, y tranquilizadoramente para la función de distraer a la gente. Así se presenta el teatro en la ciudad, con ese camuflaje. Pero sabemos que si se acataran todas las normas habría que cerrarlo por aburrimiento. Así que debe estar dispuesto para lo sarcástico, lo desvergonzado, para la risa despreciativa de los perros, aunque sea en un nivel simulado. Sólo con esa actitud escatológica es posible, aunque sea aparentemente, iniciar la búsqueda del Yo interior. Sin tragedias, sin melodramas, sin héroes.
Desde la seguridad de la sala apagada, desde la soledad interior de cada uno, probemos a subir la luz de sala, poco a poco, imperceptiblemente, sin sobresaltos, así cada uno irá viendo que tiene vecinos, que esperan como él, que están a su lado, en su misma actitud, con sus mismos deseos y contaminaciones. Primero estoy Yo a solas, irreconocible y a oscuras, a salvo, y acto seguido están los Otros, sorpresivamente descubro que siempre estuvieron allí. ¿Facilitaría esa clase de experimentos el proceso de autorreconocimiento? ¿Sería una máquina terapéutica eficaz? ¿Cómo debe mostrarse el interior de la esfera teatral cuando se enciende la luz? ¿Cómo hacer que surja el sarcasmo salvador? ¿Produciría una irresistible carcajada percatarse de la existencia de los otros? ¿Bastaría eso sólo como terapia quínica? En caso contrario, ¿qué nos está faltando?

Un poco de ontología parda


Llega un momento extraño, tardío, en el que se siente la llamada del Yo, la necesidad de conocer y ser uno mismo. Pero la mismidad parece situarse en el fondo oscuro y desconocido de un profundo pozo. Cuanto más se sumerge uno en búsqueda de lo mismo más lejos se sitúa y más solo se encuentra, soledad a la que parece obligar la búsqueda de la mismidad casi por definición. Y es esa soledad precisamente el motor de alejamiento del reconocimiento del Yo. Porque no puede existir el Yo sin los Otros, se comprueba a diario, y son los Otros la materia prima del Yo, se descubre a cada momento. ¿Cómo puede encontrarse la mismidad donde no está? Paradójicamente tengo que alejarme en cierto modo de los Otros para descubrir mi Yo, y cuánto más alejado estoy más difuso o borroso aparece el horizonte buscado. El Yo debo buscarlo sin los Otros, y sin los Otros no puede existir el Yo. Resultado: la esquizofrenia de lo mismo. El Yo, bajo la tensión de la paradoja, se escinde dolorosamente en un Yo a-solas y en un Yo con-de los Otros. La entidad bifronte, nace y crece imponiéndose como un tercero, un Yo forastero y monstruoso que violentamente intenta suplantar (se percibe por las tensiones dolorosas) a un Yo todavía desconocido. La inmersión en el piélago negro a la búsqueda del Yo mismo produce dos síntomas patológicos: la soledad y la superchería, o mejor dicho, el autoaislamiento melancólico y el autoengaño, la conciencia falsa. Sólo una violenta reacción sarcástica, una carcajada desvergonzada, un ponerse el mundo por montera, puede suavizar la insoportable enfermedad de no saber quién es uno mismo, mitigar el miedo que produce sentir dentro la presencia de un peligroso enemigo. El mundo sigue, la vida continúa, la gente se acostumbra, se resigna, aguanta, se contamina, colabora en su propia destrucción inevitablemente. Puede que el instinto Thanatos exista en el individuo, pero es una construcción artificial, forzada por la violencia de no tener alternativa alguna salvo esa jugada autodestructiva. Sin embargo el aguante no disipa el dolor, el desconocimiento persiste, la necesidad no se satisface, la búsqueda debe continuar.

martes, 10 de septiembre de 2013



Esferas-19


El edificio teatral sería una máquina salutífera, una ortopedia terapéutica, al modo de esas cabinas individuales dispuestas para encerrarse en ellas y desahogarse pegando gritos, un huevo para la salud mental, para la relajación de la tensión esquizoide que impone el aparato. Como la cabina, exigiría aislamiento y libertad. Tras penetrar en el huevo la puerta se cierra y ya nadie puede salir ni entrar, el óvulo queda cerrado, acondicionado y aislado, ahora sólo sería cuestión de garantizar la libertad, para eso debería verse libre de censura, de moral, de filosofía, de arquitectura, de prejuicios, de prepotencia. Cualquiera puede ver que la dificultad estriba en asegurar que el espacio teatral sea un terreno de aventura exento de la influencia del poder exterior hegemónico, ¿es eso posible? Y si lo fuera ¿sería soportable? Si se sobreviviera al shock terapéutico ¿qué ocurriría acto seguido? ¿Podría volverse sin más, después de la experiencia, a la depresión de la solitaria cotidianidad?

domingo, 8 de septiembre de 2013



Esferas-18

El teatro es un huevo

Alegoría de un teatro: Multitud de gente que entra en un huevo saliendo de un medio fluido

El placer de volver al huevo del que venimos
(Peter Sloterdijk. Esferas I. Pág. 301)

El edificio teatral es un huevo. Todo huevo tiene un ovario. El edificio es una oscura oquedad ovular dentro de una cobertura ovaria, ésta tiene al menos dos capas: la interna en contacto con el hueco-ovular y la externa en contacto con la macroesfera urbana. La interna es técnica, la externa es simbólica.


sábado, 7 de septiembre de 2013



Esferas-17


El globo terapéutico es el seno materno, la vulva su entrada. Se entra por la vagina a mi-amado-buen-fondo, la terapia comienza con una penetración: la entrada al teatro. La ceremonia es la intimidad. La terapia consiste en una conexión mágica con el estar-dentro-de-mamá e imaginativamente con tener-dentro-al-bebé. Poseer y ser poseído es la intención del público y la responsabilidad de los actuantes. Para ese Hieros-Gamos fabricamos un teatro. El teatro (como lugar) antes que un edificio es una determinada configuración cambiante de objetos y estímulos. La configuración se materializa ubicua y aleatoriamente. El material base con el que está modelada es llamado espacio vacío. Este se produce en un proceso de desnudamiento de significaciones de espacios previos (espacios ready-made). Si la configuración, que es virtual (dramática) se materializa en un edificio, para que esto tenga lugar, el edificio debe poder ser objeto de desnudamientos. Si hubiera sido conformado a partir de un conjunto determinado de significaciones, éstas deben poder hacerse desaparecer para ser sustituidas por las pertinentes a la historia que ahora se quiere contar. El espacio de un teatro pasa de espacio exaltado (lugar) lleno de sentido, excitante y sentimental, a ser desnudado para presentarlo como espacio-vacío (vacío de significaciones) y nuevamente re-formado para nuevas excitaciones, en un proceso continuo, metamórfico, flexible, ágil y lleno de naturalidad, o sea, necesario.


Esferas-16

¿Qué diferencia existe entre el Panóptico y la Gallina ciega?
Panóptico es una cárcel esférica. Una casa del dolor. El tocamiento (la mirada) es inevitable, el centro ejerce un poder imperial-dictatorial sobre la periferia sin esperanza alguna de remisión. En la Gallina ciega el tocamiento es evitable, la transmisión se efectúa por proximidad, el reconocimiento es posible y el centro es ocupado y desocupado alternativamente. Es un juego o una ceremonia festivo-erótica. El eros de la Gallina es bipolar y alegre, el del Panóptico es una triste violación sancionada por el poder. En la Gallina el centro es ciego, el reconocimiento se efectúa por el tacto y el olfato. En el Panóptico la periferia está obligada a llevar orejeras, la visión del prisionero está limitada a mirar-enfrente a un centro enmascarado. Sólo el centro ve, mira y sabe.
El Panóptico es la alegoría del teatro imperial, de la escena que representa el poder del emperador, del Gran Hermano,  de la televisión, del cine y de la mayoría de nuestro teatro oficial que vemos todos los días.
La Gallina ciega, como vimos, es la alegoría de un soñado (y por eso optimista) teatro redondo.


Esferas-15

Se puede discutir la necesidad o la oportunidad de construir un edificio para representar teatro, pero si existiera un edificio-teatro, éste debería ser capaz de posibilitar, transformándose, que el espectáculo cree en torno a sí el espacio por-el-que-y-en-el-que-existe.

El edificio teatral además tiene que estar dispuesto para la ocasión que se necesite invisible


Esferas-14

Toda esfera tiene un centro

Siempre que se fabrica una esfera es para que alguien pueda decir: “yo soy el centro”, por eso al manipular esferas se corre el riesgo de atragantarse con el hueso duro del centro. La historia ha reservado un negro destino para todo aquel que se haya atrevido a modificar la curvatura de las esferas.
Magallanes confirmó la curvatura constante del globo enterrando para siempre las supersticiones de la planitud y demostró que el dinero podía circunnavegar la tierra. Murió por ello en una mala playa, quizás devorado por caníbales. Bramante, obsesionado por el signo, ilusamente, propuso la esfera que Miguel Ángel construyó para encontrarse en seguida con la venganza material de su monolitismo, su debilidad crónica en riñones, su eterno vértigo sobre el abismo del colapso. Copérnico invirtió el mundo y fue condenado al silencio y al miedo. No se atrevió a publicar su obra en vida, que fue finalmente publicada por su discípulo tras su  muerte. Galileo observó con esperanza la danza de los planetas y fue condenado por la sinrazón y los prejuicios. Rodó la cabeza del rebelde que se atrevió a destruir la vieja esfera cristiano-aristocrática. Fueron fusilados miserablemente, contra tapias insípidas, aquellos que aspiraban a una nueva esfera de solidaridad…
Parece que manipular esferas es un juego peligroso.




viernes, 6 de septiembre de 2013




Esferas-13

Teatro optimista

Alegoría: el teatro es un recipiente cerrado lleno de espuma.
El arquitecto proyectará las paredes del recipiente con un material cuyo grado de rigidez sea suficientemente alto, capaz para resistir un nivel máximo de presión interpersonal, y con la carga de rotura por debajo de un valor tal que puedan desintegrarse por la presión de un campo de fuerzas no demasiado agotador. La desintegración más que el producto de una explosión es la consecuencia de un proceso de radiación-evaporación. El material empleado para las paredes del recipiente debe tener la cualidad de destilar un éter simbólico, un aroma de fuerza interior (de intimismo), de acontecimiento liberador, de  sentimiento, de risa. Esos efluvios significantes serán percibidos desde el exterior por un público damnificado, desinteresado, pero permeable a las seducciones. Las fachadas son escenarios.
Si así se hace, a lo largo del tiempo, el recipiente irá adquiriendo relevancia y venerabilidad, y finalmente se convertirá en un icono emancipatorio en el seno de la ciudad.


jueves, 5 de septiembre de 2013



Esferas-12

El teatro esférico y el problema de la embocadura

El acto teatral entendido como performance optimista, cosa que ocurre aquí y ahora para consuelo de indigentes, tiene tantas dificultades sistémicas para el estremecimiento sentimental que debe procurarse que sea global y globalizado en su propio mundo de ilusión. Cualquier intromisión (visible, acústica u olfativa) de la realidad cotidiana en ese mundo redondo de ficción, distrae la falsa realidad de la construcción dramática y espabila el sopor narcótico identificatorio o mimético. Por eso, o el espacio escénico es una esfera rodeante, totalitaria y sin límites, o, como ocurre en el teatro a la italiana, debemos enfrentarnos a la necesidad de difuminar los límites, la embocadura, para evitar toda interacción presente indeseable. Evitar las intrusiones distorsionantes y emborronar los límites ha llevado a los extravagantes, insólitos y borrosos diseños de embocaduras de nuestros teatros. En otros momentos se resolvía la distorsión diseñando sala y espacio escénico de forma estilísticamente similar, manteniendo incluso la misma iluminación, integrando el vacío teatral en un espacio único. Desde que la sala se apaga y se distingue el espacio escénico activo del espacio inactivo del público, el problema del diseño de la frontera no tiene solución. El día a día va pasando y la costumbre encalla la sensibilidad y aumenta la capacidad de soportar molestias e interrupciones sin perder el hilo de la ilusión. Demasiada ingenuidad se le exige a veces a un público desintegrado e indefenso como el actual.
A la pregunta qué es un teatro respondía Svoboda: “un espacio que espera curioso” y también decía “contra lo primero que hay que luchar es contra la sala”, o sea que el edificio teatral, a pesar de su expectativa, no garantiza nada porque la sala, mal necesario, es siempre un enemigo. Y la guerra se desarrolla en la frontera, en la embocadura, sin esperanza de solución, aceptando el espectáculo con resignada convención.
Si el teatro se quiere como acción terapéutica será necesario ir más allá de los simulacros y los convenios inocentes. La acción taumatúrgica debe ser real en el seno de una irrealidad radiante, rodeante, esférica, sin embocaduras.