martes, 8 de marzo de 2011

Tradición versus Innovación-4


50 AÑOS DE UNA ESCUELA DE ARQUITECTURA

(E.T.S.A. de Sevilla)

(Para una historiografía de las dictaduras estilísticas en Arquitectura)

Años 60

Cuando entré en la Escuela de Arquitectura, en el año 65, imperaba la dictadura del Racionalismo. La cosa estaba entre Le Corbusier y Mies, con algo marginal de Wright (para los nostálgicos, que no eran pocos). Eran los años del estallido de la segunda modernidad del siglo XX, los maestros consagrados de la gran arquitectura moderna se veían rápidamente relegados por las imágenes producidas por los chicos de Archigram y los metabolistas japoneses. Empezaba el gran negocio mediático de la arquitectura moderna, vicio primero y adicción loca después cuyas consecuencias estamos pagando ahora….no obstante el poder de la dictadura racionalista era duro de roer e insistía recalcitrante en las clases de proyectos en el, de antiguo llamado, espíritu del movimiento moderno. A duras penas conseguíamos distanciarnos de los profesores indagando, no ya en lo pop que estaba de moda, sino en otras fuentes como Fullaondo, Fdez. Alba, Sainz de Oiza, de la Sota, Corrales y Molezún o Carvajal. Apuntaban enfants terribles como Luis (luego llamado Lluis) Clotet o Ricardo Bofill. La ópera de Utzon, sencillamente, no se consideraba arquitectura sino deleznable tropelía escenográfica y comercial al estilo hollywood. En los sesenta finalmente “la moda triunfó” y los restos del estilo internacional-racional fueron barridos por el diseño italiano o las optimistas predicciones año 2000 sugeridas por la carrera espacial.

Entre minimalismos, conceptualismos, happenings, muebles de plástico y ciencia ficción se nos iba gastando la primera juventud….luego vino la política…y la represión….y sentimos en nuestra propia carne lo que nos habían contado los abuelos.

En aquellos tiempos el racionalismo y su exaltación el estilo internacional era la tradición, el gusto académico, lo correcto, lo oficial.

Años 70

Con la muerte del dictador y la Transición vino el destape. La vieja tradición racional se batía en retirada…..el arte pop, los hippies, Mick Jagger y Tony Madero eran la vanguardia innovadora. Warhol mariconeaba a gusto destrozando la cacharrería tradicional y haciéndose millonario. La antigua dictadura tradicional fue aplastada por las masas y se instauró un poder revolucionario: el Post-modernismo…a ver quién era el guapo de diseñar un muro cortina. Arcos, balaustradas, barriguitas y columnas en medio de las puertas eran lo que primaban. Pronto, la vanguardia postmoderna, se convirtió en dictadura. Los antiguos tradicionalistas, esos de toda la vida, tuvieron una oportunidad. El gusto oficial se instauró de manos de los Krier, el príncipe de Gales, el traidor Alexander y una muchedumbre de oportunistas, ilusos e idealistas ensimismados…y en medio de toda la vorágine invasora algún que otro artista, como ángeles, aislados en una sopa de fideos. La vanguardia del Oasis vino a convertirse en dictadura del concepto, la ironía y el significado….aunque siempre moderada en las aulas por el lastre tradicional de lo que Dios manda en este mundo de la arquitectura.

Si Le Corbusier había sido una estrella de la arquitectura ahora era un asqueroso mercader, un propagandista vocinglero. Todo el mal uso que a sus ideas empezaba a dar el capitalismo, fabricando los barrios masivos de cajas de zapatos para encuadrar y amordazar

a los trabajadores, se le achacaba a él como al principal culpable. Mies, de exquisito sol de la arquitectura se convertía en un confidente del fascismo o en un colaboracionista en la caza de brujas. De Wright se ventilaban sus enredos de faldas. La nueva dictadura castigaba duramente a los antiguos dictadores.

Años 80

Ya en los albores de los ochenta, la dictadura postmoderna se había enranciado. El príncipe de Gales, engalanado con Lady Di, se atrevía en la BBC internacional a criticar implacablemente la arquitectura racionalista de las décadas anteriores, oponiéndole soluciones románticas sacadas de situaciones populistas. Estas críticas eran aceptadas con una sonrisa complaciente por catedráticos de nuevo cuño y profesionales oportunistas, todos bien situados bajo la nueva bandería y que unos años antes se habrían escandalizado de las blasfemias. Los archimandritas del movimiento postmoderno se dedicaban al negocio de construir villas y urbanizaciones de lujo en la playa para el placer de sus ricos clientes, todo ello muy irónico, conceptualizado y moderno. El urbanismo post-modernista, anatematizando la Carta de Atenas, se entregaba cautivo y desarmado en manos de especuladores, burócratas y leguleyos. Con la Carta del Restauro en la mano se atacó fieramente el patrimonio, ya moribundo por el desprecio y abandono de que había sido objeto por la depuesta dictadura racionalista.

Ganar dinero, pasarlo bien, carpe diem…..fueron las consignas de los ochenta. La democracia nos trajo la “libertad”……del PSOE…..la información exterior entró como una avalancha y conocimos a Gehry y a Koolhaas. Los arcos, molduras y arquitrabes se empezaron a desintegrar. Un terremoto zarandeó las aulas. La dictadura post se tambalea, enrocada y contaminada, defiende el dibujo pero se opone a los ordenadores…el proyecto se mima con el dibujo manual….estas fueron sus últimas palabras. De pronto, con un gran estruendo, aparece el demonio sarcástico del Feísmo….la Deconstrucción…..a romper, a trinchar, a doblar, abajo los capiteles, mueran las barriguitas, a martillazos acabaremos con todo neo-post-historicismo….a ver quién se atreve a presentar un proyecto fin de carrera con arquitos.

Una vez que alguna dictadura sienta sus reales en el poder, aunque sea desbancada por otra vanguardia rival, dejará su huella, como una garrapata que se resiste a abandonar al perro, en el organismo académico y disciplinar. Los revivals en que terminan las aventuras irónicas post-modernistas darán pitanza para la satisfacción de clientelas burguesas, ociosas y descerebradas…..todo pequeño burgués se hará con un chalé con regusto historicista. Algo bueno tuvo aquella contaminación: ahora se podía hacer una casa con tejado. El tejado que en los sesenta y setenta estaba sencillamente prohibido…cuántas discusiones, cuitas y sinsabores entre arquitectos y clientes, porque estos deseaban una casa arquetípica, con tejados (¿por qué no?) y los arquitectos le tenían fobia a las tejas y no podían salir de la cubierta plana. Y lo que dio de si el revival para modelística de ordenanzas municipales en cascos antiguos. Mientras que se destruía el poco patrimonio superviviente de la piqueta de los 60 y 70 desnaturalizándolo, se fabricaba un estilo “sevillano” falso como Judas.

Años 90

En el trono de los 90 se sentó su majestad la Tecnología.

Nuevos materiales, nuevas superficies, nuevos acontecimientos visuales (hacía tiempo que la arquitectura no excluía así a los invidentes). La Anti-Forma, el No-Lugar, la pre-fabricación, lo que se dio en llamar High-Tech, esas eran las palabras del nuevo poder.

A estas alturas y con tantos cambios de dictaduras en tan poco tiempo, los arquitectos han enloquecido. Nadie sabe lo que quiere. Los profesores, en su neurótica búsqueda de no se sabe qué, transfieren sus angustias al alumnado obligándoles a buscar ese enigmático Grial.

El alumno tiene un doble problema: buscar algo que no sabe lo que es y que además le guste a su profesor que tampoco lo sabe. Lo normal es el fracaso y el alumno se va con un suspenso y sus preguntas sin contestar.

Años 00

Todo el mundo sueña con ser una estrella.

El High-Tech para los ricos, el revival para los burgueses (véase la casa del príncipe Felipe) ¿y para el pueblo llano?……..Miserablemente en urbanismo se repiten los modelos canijos y asesinos confesos con palpable demostración de su maldad…barrios y barrios se van a construir con el peor estilo, ruin y paródico de aquellos sueños de Atenas. La profesión se lanzará al vicio de ganar dinero. Las antiguas preocupaciones por la ciudad, la vivienda y el usuario, se abandonan. El pueblo damnificado, chantajeado, quedará sólo para pagar las hipotecas. Con cinismo intolerable se aprestan los académicos, corifeos de la danza del macho cabrio vestido con dinero, a titular las tendencias del periodo con el nombre de Pluralismo….o sea, todo vale, con tal de que entre por los ojos y satisfaga la pasión correspondiente, sea la vanidad o la codicia.

El milenio nos coge proyectando programas estúpidos, objetivos oscuros, pero viviendo una indudable libertad creativa.

Los años dos mil acaban sorprendiéndonos con un frenazo en seco del vertiginoso tren de los años anteriores.

Veinte años han sido suficientes para que los más jóvenes no conozcan ya los códigos de la arquitectura tradicional. Cuestiones como el oficio, la modelística, la tipología, son palabras sin contenido para la actual generación.

Sin ese fondo de experiencias seculares que no han tenido oportunidad de conocer, con el sector de la construcción muerto por hidropesía, con la opinión pública en contra de la profesión (con razón, por su actuación colaboracionista) traicionada por sus antes leales clientes, los políticos comprometidos gravemente con aquellas aventuras vanidosas y carísimas, tomados los arquitectos por chivos expiatorios del gran pecado nacional del despilfarro y la francachela, ¿qué dictadura tomará el mando de la nave arquitectónica?

¿Nos va a quedar siquiera nave?

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