sábado, 9 de abril de 2011

La Arquitectura y el Ordenador – 01



Para una historia de 50 años de la escuela de arquitectura

Hace 25 años se celebró, en el marco de la Construmat de Barcelona, el primer congreso en España de lo que allí dio en llamarse DAO (Diseño Asistido por Ordenador) lo que se llamaba y terminó llamándose, para eso los inventores del cotarro habían sido anglo-parlantes, CAD (Computer Aided Design).

Mientras que los estudiosos y profesionales de USA y Europa nos enseñaban los balbuceos del arte de programar el diseño y se soñaba con sistemas expertos, inteligencia artificial y diseño automático, la parte más señera de la profesión, los mejor asentados en el mundo profesional y académico, torcían el gesto despectivamente y alababan las dulzuras y competencias del dibujo manual de toda la vida.

En presencia de los extranjeros, nuestros arquitectos, sin guardarse sus sarcasmos, mantenían más o menos los modales, pero cuando uno volvía a casa, el desprecio, el odio y la feroz persecución de las novedades, era general….salvo muy contadas excepciones, departamentos enteros, unánimes, cerraban filas contra el uso del ordenador en la docencia.

En Geometría Descriptiva: método tradicional de Monge, paralé, escuadra y cartabón. En Análisis: la torpe reconstrucción perspectívica y las patéticas acuarelas. En Construcción: ¡el dibujo es muy importante¡ lámina tras lámina, a mano, con la misma planta de la horrenda casita para prácticas de ¿construcción? más bien de delineación al viejo estilo, digo yo. En Proyectos: el ordenador sencillamente prohibido y no sólo fuera de la ley, anatematizado, despreciado profundamente el rendering, perseguido como delincuente juvenil el photoshop…

Mientras fuera, en el mundo profesional, las grandes firmas se hacían con sistemas informáticos, por aquella época sólo al alcance de los poderosos, desarrollados para la industria de la guerra. Las revistas empezaban a reventar de imágenes, formas insólitas, edificios maravillosos…sólo para ricos, los pobres en las escuelas de arquitectura, condenados al lápiz, sólo podían soñar con el estrellato como el jugador desesperado se aferra en su ruina a la esperanza del golpe de suerte.

En los despachos profesionales y los estudios locales, los arquitectos, mientras se burlaban de las máquinas, explotaban sin piedad a sus delineantes que por su cuenta luchaban con los primeros PC para intentar dibujar planos con ellos….el galeote, con el grillete en los pies, sentado hora tras hora delante de la pantalla, con la versión 6 de autocad, batallando heroicamente contra IBM, y el jefe, el arquitecto, de pie detrás de él, diciéndole: cambia esto, quita aquello, repite, borra…. sin tener ni idea del esfuerzo y el mérito de ese hombre, que para familiarizarse, sin ayuda de nadie, con aquel bicho, el ordenador, quitábale horas al sueño y a su familia, horas que le salían gratis al jefe, naturalmente.

Entretanto que en el exterior, proyectos deslumbrantes que evidenciaban el uso del ordenador marcaban las tendencias y en la industria local, poco a poco, se iba notando el interés y la competencia de los sistemas informáticos y se iban suavizando las opiniones contrarias con el bálsamo de los beneficios, la escuela, recalcitrante, reaccionaria, insolvente, intolerante, zafia e ignorante, se cerraba, encastillada, contra el ordenador….desventuras del alumno que tiene que habérselas con una docencia anquilosada, mientras a hurtadillas, por su cuenta, aprende los entresijos de la nuevas tecnologías…

Esta ha sido la historia de 25 años de docencia de la arquitectura, salvo ya digo, excepciones maravillosas, porque en todas partes, si uno mira bien, se encuentra un ángel.

La negativa al uso del ordenador no sólo era una reacción romántica, una nostalgia poetizante, un gusto por lo refinado o lo decadente, actitud que en su decrepitud me perece hasta respetable, era una negativa a transformar la docencia, una evidente pereza por el esfuerzo que se necesita para estudiar cosas nuevas, experimentar y preocuparse. Lo de siempre es lo fácil, lo sabido, lo cómodo. En realidad era una reacción basada en el miedo a descubrir la propia ignorancia, a perder, en definitiva, las posiciones de privilegio conseguidas con tantos desvelos….estúpida e ignorante academia, siempre llena de temor, que se revuelca en sus propios excrementos burocráticos y luego presumida, estirada, se la da de ilustrísima…

No obstante, si sólo fuera eso, la academia como personaje, con todas sus miserias, no dejaría de transpirar un aroma familiar y humano… ¿por qué los académicos iban a estar libres de las pasiones y temores de las demás personas?....polvo somos ¿no?....pero hay algo más y esto ya llega, francamente, al grado de lo criminal.

La docencia tradicional se basa en el convencimiento de su capacidad para conseguir sus propios objetivos y en el pensamiento de la obra arquitectónica como objeto, necesario para la transmisión de mensajes de dominio en otras épocas y como sustantivo del negocio en los tiempos modernos. Fe en la sacrosanta habitabilidad, historia y análisis como inventarios de objetos congelados, representación, diseño y cálculo de objetos determinados, fijos y duraderos para poder ser considerados como mercancías.

El valor artístico de la obra arquitectónica, como en el cine, se mide por la taquilla.

El arquitecto encamina todo su trabajo a la realización de objetos que puedan comercializarse, incluso los edificios públicos se utilizan como banderas por las diferentes hordas de oportunistas…la escuela lo sabe y se apresta a preparar alevines de tiburones…todo muy objetual, pesable, medible, normalizable, valorable….

Esta ha sido nuestra historia y esta ha sido y sigue siendo, erre que erre, nuestra docencia.

Cincuenta años de arte conceptual no han calado en el pensamiento arquitectónico, aquí todavía, patéticamente, seguimos preocupados por los objetos en un decadente y caduco arte idolátrico.

Ahora se empieza a comprender esa actitud beligerante contra el ordenador que ha sostenido (¡y aún sostiene¡) cierta clase profesional y académica…no sólo era una reacción a las novedades que pudieran poner en peligro los privilegios adquiridos, actitud por otra parte humana y comprensible, o la, no por frecuente menos odiosa, aversión a ponerse a estudiar algo nuevo, era un rechazo que venía de más hondo, era una negativa a cambiar el sentido profundo de qué es la arquitectura o qué es ser arquitecto.

Como ya pasó en la pintura, el tránsito de lo objetual a lo conceptual se efectuó inspirado en una posición de enfrentamiento de los artistas contra el negocio del arte…si no hay objetos no hay ventas…los pintores dejaron de preocuparse de lo material y de lo objetual para interesarse en los procesos, en los flujos y en las transformaciones de los acontecimientos. Los arquitectos no han estado dispuestos a enfrentarse al negocio, a salirse del sistema….

El uso del ordenador lleva enseguida a la necesidad de programar. Pensar la arquitectura desde la programación abre las puertas a lo paramétrico, a lo cambiante, a lo conceptual, se aleja de la preocupación exclusiva por la producción de un objeto centrándose más en el proceso metamórfico de comportamiento de ese objeto…el punto de vista virtual, subrayando el futuro, introduce en el problema arquitectónico las consecuencias de las decisiones de proyecto y prepara las mentes para la comprensión de los acontecimientos, el devenir del tiempo, los símbolos y los significados sociales…y esa es la mentalidad que se necesita para abrir los ojos del arquitecto y hacerle comprender, de verdad, qué es lo que está haciendo y para qué.

Los arquitectos y sus escuelas cerraron filas en defensa del objeto contra el concepto… ¿para qué querían programar? no sólo es inútil sino que además es malicioso…

La escuela, complaciente, ha preparado arquitectos duchos en la producción de objetos y admirablemente capacitados para ser servidores y lacayos de los especuladores y políticos corruptos…el objeto, con su sonrisa beatífica y su aire de inocencia, oculta propósitos criminales.

Empieza a quedar claro por qué la profesión de los arquitectos se portó como una pandilla de estúpidos frente a la informática…aunque hemos perdido las oportunidades para disponer de sistemas eficientes, a pesar de que tenemos que usar, torpemente, los excedentes informáticos de otras profesiones, no importa….el negocio ha sido demasiado bueno

No hay comentarios:

Publicar un comentario